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KOKOMO: ARMONÍA Y VELOCIDAD

Grandes Esloras nº 040

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1. Kokomo2. Más información3. Ficha técnica

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La competición por poseer el mayor sloop del mundo no hallará jamás vencedor. El armador de Kokomo logra, sin embargo, destacarse con un diseño armonioso, de estampa discreta y prestaciones muy superiores a las de diseños mayores.

Cualquiera que viese, hace ahora un año, el altísimo aparejo de Kokomo abriéndose paso entre la flota que surcaba las aguas de Palma de Mallorca durante la SuperYacht Cup habría percibido la majestad de su dimensión. Se trata, en efecto, de uno de los mayores veleros construidos hasta la fecha por Alloy Yachts y también es, por poco, casi el diseño más superlativo del prolífico Ed Dubois. Su mástil de carbono de 63 metros era en la fecha el más largo fabricado por Southern Spars, y su mayor la vela en 3DL de más longitud jamás confeccionada por North Sails. Y aunque no todo ello sea evidente en la distancia, pues la excelentes proporciones del diseño confunden y esconden la verdadera dimensión, sí que su velocidad, su estela y la escala de sus pasajeros son mensajes suficientes. La voluntad del armador de Kokomo era reunir en un aparejo de sloop la potencia que los 52 metros de eslora de la máquina ofrecían, y si no es Kokomo el mayor sloop del mundo sí ocupa el primer lugar en cuanto a vocación velocista: Kokomo muestra contra otros veleros de un solo palo como Tiara o algún Perini una obvia ventaja en aparejo, en ligereza y todo lo que, cuando se habla de vela, expresa velocidad. También fue la habilitación interior exigida por el armador, ya propietario de otro Kokomo diseñado por Dubois y construido por el astillero neozelandés, la que marcó las dimensiones finales de la unidad. Primordial en esa acomodación ideal era reunir en el mismo nivel la toldilla exterior, el salón y el comedor formal, que formarían así un contínuo y gozarían de la misma importancia, al estilo de lo visto en los Perini y otros veleros de más de 50 metros. Dubois logró ampliar la capacidad de la superestructura, que en Kokomo se alarga mucho más de lo habitual en sus diseños, sin dar a la silueta de este barco la masiva presencia que esas casetas acristaladas acostumbran a producir. Alargó el voladizo hacia popa, hundió en la cubierta la toldilla principal y produjo una estampa casi idéntica a la de sus diseños de 40 metros pero con mucha más capacidad. Logró por fin que encima de la mencionada estructura se ubicase un flybridge casi tan amplio como el de los ketches citados y que, además, se convirtiese en el centro de actividad tanto cuando el barco navega a vela como cuando está fondeado.

ENFOQUE HACIA EL EXTERIOR
La distribución de la cubierta principal fue cuidadosamente planeada para asegurar la circulación y el intercambio entre los dos ambientes interiores y el suplemento de espacio exterior. También se buscó en esa disposición la facilidad de uso que, junto con una decoración más bien relajada, garantizase el enfoque de los pasajeros hacia los ventanales exteriores, la cubierta y lo más importante del barco: el mar que le rodea. Al planear Kokomo sus navegaciones mayormente en el Mediterráneo y el trópico, las áreas exteriores juegan en él un papel primordial. Al flybridge se accede por una escala dispuesta en la toldilla y cuyos peldaños libres se apoyan en una estructura de acero inoxidable. Sus puestos de gobierno son el cerebro de Kokomo cuando éste navega a vela, y ofrecen al ocasional timonel una visión perfecta que se extiende desde proa hasta popa, además de poner a su alcance los botones y joysticks que controlan los winches y cautivos de la maniobra. Es también ese flybridge, con su bimini plegable, una zona de intimidad y descanso para los armadores o sus invitados, que pueden recluirse allí lejos del acecho de los mirones o de la propia tripulación. La cubierta de popa, otro punto de disfrute exterior, usa un amplio sofá en forma de U y puede salpicarse con sombrillas plegables. Su utilidad está limitada a la intensidad del calor, y por ello se prolonga en la toldilla semi hundida que viene a continuación y que goza de la protección del voladizo del flybridge. Allí se encuentra, junto al desnivel de entrada, una amplísima mesa para 10 invitados seguida de dos cómodos sofás enfocados hacia una mesa de café central.
Toda esa zona, comunicada por puertas correderas con el auténtico salón, puede convertirse en un segundo salón gracias a los sofisticados paneles de cristal por elevador que la cierran en ambas bandas. Unos potentes chorros de aire acondicionado, cuyas toberas disimula la rejilla de madera del techo, aseguran la climatización a voluntad y convierten así esa terraza en un lugar habitable por bochornosa que sea la temperatura ambiente.
Kokomo















La superestructura inspirada en las formas ya habituales de los diseños de Dubois, esconde un salón y un puente de mando completos en el nivel de cubierta.

DOS ESPACIOS DE CUBIERTA DE POPA Y UN FLYBRIDGE
El paso desde la toldilla semienterrada hacia el interior es gracias al diseño de Dubois muy amplio pero tiene como punto de encuentro el bar situado a la entrada del salón y en la banda de babor. El armador insistió en esa posición porque, con buen tino, quería que dicha zona fuese accesible tanto para quienes están dentro como quienes están fuera.
Superado dicho bar, el salón aprovecha muchos de los 10 metros de manga que tiene el diseño. Un grupo de sillones de moderno pero apacible diseño se coordinan con un amplio sofá en la banda de babor. A estribor se halla una mesa, algo más formal, capaz para diez personas. A popa de ésta, enfrentado al bar, hay otro núcleo formado por un sofá y que garantiza aislamiento a quien lo precisa. El techo es blanco mientras el suelo, de oscuros listones de wengé, forma una base relajante para los distintos tonos de marrón y beige que adoptan los muebles. Las formas de la ebanistería son rectas y angulosas, como viene siendo habitual en los diseños más modernos, pero la armonía entre esos elementos y los revestimientos o los mármoles de las encimeras es total: una marca de fábrica del estudio Redman Whiteley Dixon. La escala que desciende al nivel de camarotes ha sido desplazada hacia la banda de estribor, al igual que el paso hacia el puente de mando que se encentra a proa de la estructura acristalada. La cita- da zona de gobierno es independiente del salón pero puede unirse con ella a voluntad, de nuevo gracias a unos paneles ascensionales creados por el astillero. Lo habitual es tenerlos bajos, pero se prefirió que en navegación nocturna el capitán u oficial de guardia no se viesen molestados por las luces o actividades del el salón. El puesto es completo y amplio, y tiene en su centro una escala que conduce a zona de servicios: camarotes para diez tripulantes, cocina, camareta y lavandería, además de sala técnica y sala de máquinas también accesible desde allí.

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