Estabilizadores giroscópicos
Escrito por Miquel Mallafré. Edición Nº51
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En busca del confort
Los estabilizadores
giroscópicos están tomando cada vez más fuerza como método para mejorar la estabilidad de los yates de tamaño medio. Instalados en el interior del casco, no suponen ningún freno al avance de la embarcación. En ese artículo repasaremos sus ventajas e inconvenientes.
Todas las embarcaciones están sujetas al vaivén impuesto por el mar, en navegación y en reposo. Los estabilizadores sirven para compensar este vaivén y mantener la embarcación en una posición lo más estable posible y para mejorar el confort de la tripulación y de los invitados. Son diversas las circunstancias en las cuales se desea mejorar la estabilidad del yate y cada uno de los métodos que se puede emplear para ello tiene sus ventajas y sus inconvenientes.
Tradicionalmente se ha trabajado en mejorar la comodidad de los yates cuando están en navegación, es decir, en movimiento. El diseño de la obra viva es el primer factor a tener en cuenta, pero visto que no hay diseño de casco que pueda asumir las distintas condiciones de carga, viento, estado de la mar o velocidad, se han utilizado de forma tradicional los estabilizadores. En la navegación de recreo existen dos métodos básicos para estabilizar el yate durante la navegación. En los yates veloces, dotados de carena de planeo, el método más conocido es el uso de los flaps. Los flaps son unos apéndices, generalmente metálicos, situados en el espejo de popa de tal modo que permiten modificar el flujo de agua generador por el avance de la propia embarcación. Existen flaps diseñados como prolongación de la carena –flaps convencionales- y otros en los cuales la lámina desciende verticalmente, interceptando el flujo del agua, motivo por el cual se les denomina interceptores. Cuando los flaps se bajan el agua ejerce una presión hacia arriba que levanta la popa y, en consecuencia, baja la proa. Bajando el flap de babor se produce como reacción el descenso de
la proa hacia estribor y, bajando el flap de estribor la reacción es el descenso de la amura de babor. El uso de los flaps no solo permite modificar el asentamiento del yate longitudinalmente (en el sentido proa-popa), sino también transversalmente. En la actualidad existen sistemas automáticos, controlados por ordenador, que se ocupan automáticamente de establecer la mejor estabilidad posible en función de la velocidad y el estado de la mar. Obviamente, los flaps no tienen ninguna incidencia cuando el yate está en reposo pues se precisa del avance del yate para corregir su estabilidad.
En los yates de desplazamiento o semidesplazamiento no se utilizan los flaps, pues la velocidad no es suficiente para poder provocar un cambio de asentamiento con unos pequeños apéndices en popa y, a menudo, este tipo de yates no disponen de una popa plana para admitir su montaje. En estos casos se utilizan los estabilizadores convencionales, consistentes en unas quillas móviles dispuestas a cada lado del pantoque, bajo el agua, de modo que es el movimiento automático de estas grandes láminas las que compensan el movimiento de la embarcación durante su avance. Estas quillas se mueven mediante unas bombas hidráulicas instaladas en el interior del casco y es necesaria una perforación para permitir el paso del eje que mueve cada una de ellas.
Sin embargo, el problema que restaba pendiente de resolver es el de la estabilidad del yate en reposo, cuando está fondeado en una cala o en aguas abiertas. Con frecuencia este es uno de los aspectos más desagradables para los invitados poco habituados, pues la brisa o el paso de otras embarcaciones provoca un oleaje que, sin ser importante ni comprometer la seguridad de la embarcación, puede producir mareo o impide que determinadas tareas puedan ser desarrolladas con normalidad, como puede ser cocinar o comer a bordo.
Para solucionar este problema han entrado en servicio los estabilizadores “zero speed”, es decir, estabilizadores que se mueven también cuando el yate está en reposo, compensando en parte el balanceo producido por el mar, y los estabilizadores giroscópicos.
El uso de los estabilizadores convencionales no tiene límite en cuanto a la eslora del buque, pero tiene como inconveniente su propia constitución, pues se trata de unos apéndices sumergidos que pueden resultar dañados si se produce una colisión con el fondo o con un objeto sumergido, además de significar un freno evidente al avance de la embarcación y, en consecuencia, un descenso de la velocidad. Es más, la embarcación pierde un pequeño porcentaje de velocidad por el mero hecho de montar estabilizadores y si los estabilizadores están en funcionamiento pierde un porcentaje adicional. No obstante, en la actualidad estos apéndices se realizan en materiales ligeros, rígidos y con unos perfiles muy hidrodinámicos y también los hay retráctiles, de modo que quedan recogidos contra una concavidad del casco cuando no se requiere su funcionamiento. Los sistemas informáticos calculan los movimientos de los estabilizadores y saben discriminar las situaciones de navegación y fondeo imprimiendo los movimientos de compensación al balance que sean necesarios pues según esté orientado cada estabilizador se producirá un freno al balance. Existen bastantes fabricantes de estabilizadores que se diferencian por el diseño de los apéndices, por los sistemas empleados para moverlos o por la electrónica que utilizan, pudiendo incluir también el giróscopo para determinar la posición del barco, como también se utiliza el giróscopo en la fabricación de compases.
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