Baltic 78 Antonia
Escrito por Carlos Serra. Edición Nº46
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UNA FAMILIA COMPLETA EN EL MAR
Un diseño muy inteligente del estudio Judel-Vrölijk produce amplitud, generosa acomodación para muchos tripulantes y elegancia, todo en una estructura capaz de navegar rápido y producir excelentes sensaciones.
Baltic y el estudio de Judel Vrölijk nos tienen acostumbrados a crear unidades fuera de serie, y cuando el producto es algo tan discreto, moderado en tamaño y liso en líneas como Antonia debemos preguntarnos dónde está el secreto. No les quepa duda a nuestros lectores de que existe tal misterio, y de que Antonia, un Baltic “tan sólo” 78, construido en “vulgar” estratificado de fibra de vidrio y con una cubierta corrida y unos interiores de “tradicional” teca lisa esconde mucho más de lo que parece.
Se trata ante todo de un yate familiar y al que, por deseo del propio armador, se debía animar con la máxima comodidad para un gran número de personas pero no se quería ningún alarde ni mucha pretensión.Un buen navegante no tiene dificultad en darse cuenta de que las bañeras divididas, las casetas con parasol, las esloras superiores a los treinta metros y sobre todo los mástiles mayores de 50 reducen el disfrute de la vela. Parece que eso haya visto el armador del Antonia; también parece que ese hombre o mujer haya logrado la complicidad del grupo diseñador y del astillero, que de tan habituados a complacer demandas espectaculares debieron al principio quedar sorprendidos; y finalmente parece también que todos se pusieron de acuerdo en complacer los deseos del cliente con un producto que es mucho más que una repetición de lo ya sabido, pues aporta, dignifica y resuelve con mucho garbo los problemas planteados.
Valga como ejemplo la valentía que muestran las formas de proa recta, amuras verticales y pantoque marcado en los costados, todas ellas características de veleros extremos, y que se complementan con un equilibrio de formas artífice del excelente comportamiento del velero. Ahí es donde se lucen los arquitectos alemanes: consiguen integrar la velocidad y la suavidad de movimientos como nadie lo hace.
Hasta catorce camas
Antonia sorprende al visitar sus interiores por el elevado número de cabinas que propone y las literas que en ellas se hallan. El camarote del armador fue situado en proa para lograr algo de intimidad y cuenta con dos amplias literas dobles desplazadas a las bandas que, en momentos de apuro, pueden acoger cada una a una pareja. Es este camarote el más amplio, al igual que su baño con ducha separada es también el más lujoso, pero no alcanza ni por asomo las pretensiones que muchas suites de armador muestran en veleros de este tamaño. Le siguen hacia popa dos camarotes dobles de camas separadas y bajas que, con su baño independiente dotado de ducha propia, parecen un prodigio de precisión milimétrica en un velero de este tamaño. Ambos cuentan con literas desplegables suplementarias y tienen suficientes armarios para albergar ropa veraniega.
El salón que ocupa la zona más amplia y noble del casco tiene dimensiones igualmente generosas pero, más que eso, excelentemente proporcionadas para su mejor aprovechamiento. Está dividido en una zona de comedor y otra de relax, adjunta a un pupitre que sirve de centro de navegación y comunicaciones, pero puede transformarse en un inmenso comedor al extender la mesita baja que ocupa este último rincón. Es habitual que la familia propietaria reúna en un ágape a más de doce personas, que caben perfectamente repartidas entre las dos zonas.
No se acaban aquí los camarotes de este 78 pies que parece extenderse al infinito. La siguiente sección acoge, además de la sala de máquinas alargada y la cocina de pasillo desplazada a estribor, un camarote con cama doble también desplazada que sirve de paso a la zona de popa. Es un gran aposento, cómodo incluso en navegación, y gracias al baño y armario propios resulta acaso más generoso que los descritos anteriormente. Su paso sirve de acceso a una última zona situada en popa donde, al estilo de los barcos más pequeños, dos camarotes se introducen bajo la bañera y muestran sendos pares de literas superpuestas totalmente operativas, de gran amplitud y bien agenciadas, que se destinarán tanto a tripulación ocasional como a pasajeros jóvenes, según sea la necesidad.
Espacios técnicos bien pensados
El volumen y sobre todo la manga generosa del casco de Vrölijk se ha aprovechado hasta el último centímetro para producir, además de dormitorios o salón, otros espacios que contienen los necesarios pertrechos. Entre los dos camarotes descritos en último lugar se mete el garaje destinado a un bote semirrígido de 3,6 metros, dispuesto en ese espacio que se abre por el espejo y de fácil botadura. A ambas bandas se hallan cofres con escala, necesaria por su profundidad, donde será fácil ordenar los pertrechos como defensas, motor fueraborda, tanques suplementarios y juguetes de baño.
Otro espacio de estiba imponente aparece en proa, junto al pozo que alberga el sistema de fondeo, en forma de pique de proa dispuesto con gran escotilla y escala de bajada. Antonia usa un aparejo de doble vela de proa con estay de trinqueta escamoteable, y por ello necesita albergar en algún lugar los sacos de velas correspondientes. El pique citado es más que suficiente para ello y permite, con la ayuda de una driza accionada por winche eléctrico, esconder o sacar a cubierta el saco necesario con un mínimo esfuerzo.
Mencionemos a continuación el sistema de fondeo ideado por Baltic, que se ha esmerado en la producción de un brazo pivotante y telescópico imprescindible vista la vertical trazada por la proa, en la que cualquier sistema de fondeo convencional crearía auténticas carnicerías debidas a los golpes del ancla. Es una pieza de composite movida por un sistema eléctrico de baja potencia, sin más complicación, y gracias a la cual la cadena y el ancla libran perfectamente el estay de proa y el balcón. De nuevo hay que celebrar la finura de la ingeniería del astillero, cuyos cálculos de peso, diámetro y distancias son tan precisos que se logra mover el mecanismo sin casi esfuerzo.
Otros dos locales de servicio se hallan en el interior: la cocina, pensada más para el uso familiar que para un cocinero profesional especializado en banquetes, y la sala de máquinas. Esta última merecería ser llamada compartimento, pues no permite entrada al estar ocupada por un gran Volvo Penta y un menor pero también considerable generador Mastervolt, pero está muy bien insonorizada y sus tapas, pese al espeso aislante, se mueven con facilidad para garantizar un acceso total a toda la mecánica.
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