IMPRONTA ITALIANA
Nautor se decide por fin a crear una gama de veleros de influencia absolutamente italiana, destinada a convivir con los modelos de más tradicional idiosincrasia finlandesa.
No es muy grande el nuevo Swan 60 para lo que construye Nautor en sus naves en Finlandia, y como reconoce su portavoz Enrico Chieffi el modelo sufrirá la competencia de otros ejemplares de eslora similar y precio muy inferior. Pero la personalidad de Swan, el nivel de exigencia, la búsqueda de calidad, la elegancia y sobre todo la viveza y velocidad que dan el diseño de Frers y la construcción en alta tecnología no lo encontrará nadie en estas esloras si no accede al exclusivo mundo de los veleros a la unidad, o se deja seducir por la oferta de Nautor.
Desde que el productor finlandés es propiedad del grupo Ferragamo habíamos visto la influencia italiana en sus modelos; su filosofía Swan se había ido modificando hacia carenas más afinadas, cubiertas y casetas de formas avanzadas y búsqueda de prestaciones. Pero siempre en estratificado macizo, con bañeras de tipo oceánico y la clásica exigencia de Swan en cuanto a instalaciones. Sólo los modelos regateros, como el 45, el 42 y el 601, abandonaban esa tradición maciza para concentrarse en la liviana tecnología exigida por el campo de regatas. El nuevo 60, en cambio, es un diseño del conocido hijo de Frers y se decanta de forma definida hacia la velocidad y el estilo con lo que eso exige en construcción ultraligera, sin concesiones o casi.
Nautor ha investigado nuevas formas y materiales que reduzcan peso y ha alcanzado un buen convenio con la firma Gurit, antes SP, para utilizar su tecnología Sprint en fibra de carbono, curado en horno a 85 grados. También ha investigado la fabricación de interiores, ha trabajado para reducir el peso de los elementos de cubierta, y ha hecho un ejercicio de adelgazamiento que incluye una red eléctrica en bus, muy novedosa y capaz de reducir de forma sustancial el metraje de cable de cobre del barco. Todo el barco ha sido modelado informáticamente en tres dimensiones antes de empezar los trabajos, lo que ha permitido ajustar tamaños de piezas y encajar perfectamente los distintos elementos.
Reducido el desplazamiento gracias a la tecnología, el astillero se veía capaz también de proponer un velero de estilo actual en que las líneas puras de cubierta, la forma de vida con gran bañera y la potencia de un pura sangre se combinasen en una receta espectacular. Y así salió este modelo, un sobresaliente ejemplar a la vez rápido y manejable, siempre lujoso y sobre todo impactante por lo bien resuelto y lo atractivo que resulta.
Prestaciones y facilidad
No encontrará límites el armador que quiera aumentar su potencial regatero con material de alta tecnología. La unidad navegada por nosotros usaba una quilla corta y un aparejo estándar, con mástil de carbono y jarcia de varilla. Sustituidos esos elementos por una quilla más profunda, un mástil de alto módulo, una jarcia en PBO y con el añadido de un bauprés de gran longitud, las prestaciones que ya parecían espectaculares pueden multiplicarse.
Entre los elementos a destacar hay el enrollador de génova, enterrado para mejor rendimiento de la vela y dotado de un pistón, que permite graduar la tensión de todo el aparejo según si el viento es suave o fuerte. Los carros de escotero se remolcan mediante pistones escondidos y obtienen a cada instante el ángulo de cazado ideal; se combinan con unos barber-haulers muy bien resueltos que dan el ángulo de ceñida deseado. Para la mayor se ha optado por una botavara en forma de V profunda que permite usar velas convencionales, de forma más versátil y con mayor alunamiento. Se ha prescindido en cambio de la barra de escota, cuya función se sustituye por el uso intensivo de la retenida hidráulica. La pala de timón alcanza tres metros de profundidad, lo que le da el mismo calado que el de la quilla corta, y confiere al gobierno del velero la precisión y efectividad que se merece el diseño.
Evolución, ángulo, velocidad y respuesta pudimos apreciar en nuestra salida en aguas protegidas, donde vientos que oscilaron entre 15 y 25 nudos nos permitieron ver la valentía del ejemplar. En las brisas más estables se lograron velocidades de ocho y nueve nudos con facilidad. Cuando, con la llegada de un chubasco, se vio la necesidad de tomar un rizo en la mayor y reducir el génova se pudo disfrutar la rigidez de la carena, el aguante y la capacidad para seguir remontando pese a la quilla, como hemos dicho más arriba, de poco calado. Abrir las escotas era en esas condiciones un placer, pues se lograban velocidades de vértigo sin que el control o el confort a bordo sufriera lo más mínimo: la carena ofrecía máxima estabilidad y excelente dominio a la rueda con la corredera por encima de 12 nudos.
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