Northlander

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POR FIN UN MOONEN DE 124 PIES

El mayor de los Moonen hasta la fecha basa su excelencia en el trabajo bien hecho y la concienzuda resolución de los detalles, no en la osadía ni la búsqueda de originalidad.

 

Construido en acero y aluminio como muchos de los mejores yates a motor de la historia, y estructurado en las tres cubiertas habituales en las esloras de 40 metros, el Northlander presentado en Mónaco por Moonen cumple con todos los requisitos de un barco a motor serio y que podrá ser usado durante largo tiempo. Precisamente en ese cometido, el de hacer yates para toda la vida, es donde más se ha lucido siempre el astillero holandés, cuyos ejemplares perviven y navegan temporada tras temporada en manos de sus armadores originales, o pasan de mano en mano manteniendo su valor o incluso aumentándolo tras las correspondientes reformas.

Northlander es un diseño del afamado René Van der Velden, padre de casi todos los yates salidos de las gradas de Moonen, y maestro en proporción, buena distribución de pesos y volúmenes, limpieza de estructuras y clasicismo estético. En este caso Velden ha añadido todas las ayudas que la moderna asistencia informática en tres dimensiones permite, tanto para crear formas de metal interesantes como para integrar en ellas elementos de confort como escaleras y portones.

También ha respetado hasta el extremo las normas no escritas de la marinería en cuanto a altura de amuradas, colocación de bitas y otros muchos apartados en que Moonen es absolutamente inflexible. Y es que no por nada las embarcaciones de esa firma son las que con más facilidad pueden cruzar el Atlántico o enfrentarse a meteorologías adversas en el Mediterráneo sin despeinar a su tripulación o necesitar después pasar por un astillero.

Concepto general  y  detalles

Con esta premisa, no es de extrañar que la mayoría de soluciones básicas del Northlander sean las más probadas y repetidas: la disposición con sala de máquinas retrasada que, mediante portones y escotillas herméticas, comunica con un garaje de gran tamaño y una sala técnica accesible desde el espejo; la distribución de camarotes de invitados en la zona central del casco, y la concentración de la tripulación en las secciones de proa que aseguran el óptimo aprovechamiento del espacio en la cubierta baja.

La comunicación entre los tres niveles habitables se realiza mediante una escala circular, solución también muy repetida por lo práctica, y que culmina en una claraboya abrible, ideal para subir a la cubierta de sol. Se consigue así un vestíbulo cómodo en el costado de estribor de la cubierta principal, zona más noble, y un perfecto paso hacia la suite del armador colocada en proa; eso deja toda la parte trasera del habitáculo para el salón y la cocina y permitiendo que los pasos de ventilación, los tubos y los puntales que soportan la cubierta alta ocupen sus lugares y realicen sus funciones sin estorbar ni forzar la ingeniería.

También produce esa configuración una toldilla principal de excelentes dimensiones, cuyo sofá fijo queda separado de las escaleras de popa y las zonas de amarras concentradas en las bandas, y circulación muy correcta hacia los corredores laterales. Dichos pasos tienen las habituales puertas herméticas de acceso a cocina, vestíbulo y sala de máquinas, y se prolongan hasta la proa sin ser cortados para ensanchar el camarote de armador, como hacen algunos diseños más modernos. Una escalera insertada en la pared de estribor conduce por el exterior a la cubierta superior, que goza de un alcázar envolvente, y prosigue hasta la cubierta de sol.

Las viseras que forma la superestructura tienen buenos radios y mejor protección contra la lluvia; los imbornales de los corredores son auténticamente prácticos; las piezas móviles de los portones laterales y la escala real encajan con precisión suiza, al igual que la tapa de regala, realzada sobre candeleros para preservar la visibilidad de los ventanales laterales, y hecha en madera con la forma ideal para no recoger el agua.

La carena presenta por fin formas full body desde el espejo hasta el rasel que aparece a dos tercios de la eslora, aproximadamente donde culmina el camarote principal. Pese a esa maciza presencia sobre el agua, consigue una estampa airosa gracias a las perfectas proporciones del lanzamiento y el abanico de las amuradas; su combinación con los ángulos y las líneas visuales de la superestructura crea una silueta clásica pero de agradable vista, con un colofón en popa que reúne toldilla, regalas y espejo gracias a unas formas muy evolucionadas, quizás la especialidad más marcada del creador holandés.

 






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