CNB - Chrisco

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CNB - Chrisco
Caseta de cristal y carbono
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ESTILO Y TECNOLOGÍA

Este 100 pies creado por los artesanos del astillero bordelés CNB es un compendio de tecnología, diseño y estilo de vida moderna; no hay duda que marcará tendencia en las generaciones de veleros futuros. 

Ya sea ciñendo a rabiar gracias a sus velas de membrana que le permiten, junto con su quilla de 4,20 metros de calado, avanzar contra el viento a ángulos de pura sangre; o cabalgando con sobrada energía gracias al tirón de su alegre espinaquer asimétrico amurado en el extremo afilado de su proa, las sensaciones ofrecidas por el nuevo Chrisco diseñado por Luca Brenta y producido por el conocido astillero de Burdeos sólo se explican con una palabra: excelencia.

 El proceso que ha llevado a la culminación de Chrisco es de esos ejemplos dignos de recordarse, y que ocurren sólo una vez de cada tantas en la vida de los astilleros. Desde el propietario conocedor y experimentado, dispuesto a explicar sus deseos y a esperar, además de invertir y asumir riesgos, para complacerlos, al diseñador meticuloso y convencido que encuentra en dicho cliente un socio ideal con quien expresar sus inquietudes y sus ideas. Pero sobre todo la dedicación de un astillero que pone sus mejores ingenieros, sus artesanos más cuidadosos y su potencial industrial al servicio de esa quimera, convertida dos años y medio más tarde en una realidad impactante.

Luca Brenta ha mostrado en veleros producidos por astilleros italianos su vocación de diseñador de barcos rápidos que, sin traicionar su pedigrí, traspasan mediante sutiles toques de confort y sobre todo mucho trabajo de diseño la frontera del prototipo de regatas y se instalan en el lujo más exclusivo. En Chrisco, y gracias como decimos a la voluntad del armador y la eficacia del astillero, esta idea se aplica en su plenitud y supera muchos límites impuestos hasta el momento.

Una cubierta más limpia que ninguna

Su bañera, sin ir más lejos, se asemeja palmo por palmo a las mejores superficies de trabajo vistas en los maxis modernos de competición: asomada al mar por popa, donde una inmensa plataforma de casi cinco metros de longitud y cuatro de anchura produce el espacio y la perspectiva más elegantes que recordamos vista desde el muelle. Una barra de escota enterrada, y muy eficaz a la hora de regular la botavara, mantiene allí la seriedad necesaria mientras las ruedas de timón, montadas sobre unas escuetas bitácoras y preparadas con peraltes de pie y bancos laterales, ofrecen al timonel la mejor perspectiva del mar y las velas.

Dispone quien gobierna de sendas pantallas que reúnen en un único y escueto plano todas las informaciones necesarias y recibe, además, información y compañía de los tres o cuatro tripulantes necesarios para manejar las escotas en los cuatro gigantescos tambores montados sobre pedestales a delante de él. Toda a la vista y manual, la maniobra queda sin embargo casi invisible gracias a los pasos bajo cubierta previstos y a los reenvíos encerrados en la brazola de formas angulosas que Brenta creó para prolongar la mágica caseta de cristal que reina sobre la cubierta. No se ha olvidado un tambucho para tripulación, rodeado de barandillas de metal satinado, que sirve además de apoyo y organizador en esta zona de trabajo.

La proeza más digna de mención es sin embargo la presencia, casi invisible pero no menos práctica, de una enorme bañera de relax dividida en dos secciones y dotada de sendas mesas que ocupa otros tres metros y pico entre la zona de maniobra y el tambucho: no solamente tiene esa sección todo lo habitual, sino que lo complementa con dos bancos transformables en tumbona y unos respaldos inclinados adosados a la pared del tejadillo. Las mesas, además, pueden enrasarse con los bancos para ofrecer una amplia zona de solárium ideal para reposar cuando el barco navega a vela.

La cubierta de Chrisco traza unos volúmenes de desarrollo impecable, sólo posibles en la mano de un diseñador que ha producido ya muchas cubiertas similares y sabe aprovechar esos sutiles cambios de brusca y arrufo para el mejor efecto estético. Se complementa ese esfuerzo con otro que podríamos llamar titánico: la supresión de herrajes y otros obstáculos, ya común en numerosos veleros de diseño desde el ejemplo del español SYL, llega aquí a extremos de dolorosa minuciosidad, con cadenotes invisibles, candeleros embutidos en la regala voluminosa y de cuidado bisel y escotillas rasantes sin marco de teca.

 






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